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19 de noviembre de 2015

Viajar

Me fui del viaje con muchas ideas en mente y con un gran objetivo: conocerme.
Poder pensar en mí.
Pero no de manera egocéntrica, sino en mi personalmente.

¿Quién soy? ¿A dónde quiero llegar? ¿Qué quiero hacer?


A lo largo del camino fui conociendo diferentes personas de todo el mundo, cada uno con su manera de ver las cosas y sus costumbres.
Me hizo pensar que hay más de un camino para llegar a un mismo destino, no hay uno correcto o incorrecto, sino que es cuestión de arriesgarse y probar.

Aprendí a mirar y sacar de cada lugar su esencia.
Aprendí a disfrutar de cada paisaje, a observar atardeceres increíbles.

Empecé a escucharme.
Abandoné mis problemas.
Ordené mi desorden.
Y en donde menos esperaba hacerlo, me entendí.
A-

22 de junio de 2015

Un adiós distinto

Aprendí a quererte, aprendí a estar con vos, aprendí del amor incondicional que me dabas, aprendí que hay que apreciar lo que uno tiene, apreciar los pequeños gestos. Porque siempre estuviste ahí, cuando estaba feliz, cuando estaba triste.
Siempre te acercaste a pedir cariños.
Siempre te sentaste cerca nuestro.
Y ahora, que no estás más, quién va a estar ahí? Porque aunque no lo demostré, yo te quise mucho, yo te quiero mucho.

Espero que, donde quieras que estés, estés mejor. Creo que que te hayas ido sin sufrir fue lo mejor que te pudo pasar, porque de esa manera me imagino que estás ahora. Cómodo, jugando y rompiendo cosas por ahí. Moviendo la cola como siempre que te mandabas alguna cagada. 

Me da lástima saber que el viernes cuando llegue a casa va a estar más silencioso todo. Que no van a estar tus pisadas, ni vas a estar en el medio, como siempre estabas. 

Te voy a extrañar, Jacko.
A-

22 de septiembre de 2014

Quién soy

Soy impulsiva, digo lo que pienso y a veces ni pienso lo que digo.
Soy acelerada, parece que me llevo la vida por delante, camino (o mejor dicho corro) aunque no siempre necesito llegar a algún lugar. 
Soy impaciente, si quiero algo lo quiero YA.
Soy acomplejada, nunca nada me va a venir bien.
Soy ingenua, y un poco boluda.
Soy perfeccionista, a veces me molesta a mi misma mi grado de histeria por estupideces. 
Soy estructurada, me gusta tener una una guía o una idea en la que basarme. A veces demasiado cuadrada. 
Soy metódica, sigo las cosas con cierto orden, y me encanta. 
Soy indecisa, mi cabeza va y vuelve tres veces al mismo lugar, llegando siempre a conclusiones diferentes.
Soy autoexigente, supongo que por el hecho de que nunca me tuvieron que exigir mucho, decidí exigirme yo.
Soy puntual, me encanta calcular los horarios exactos (y soy muy buena). Si te digo que llego a las 15.52 es porque a esa hora voy a estar ahí.
Soy musical, tengo un oído super afinado y me encanta silbar, aunque mis amigas lo odien. 
Soy inocente, inconscientemente o no sigo pensando las mismas cosas que hace 5 años.
Soy molesta, puedo romper mucho las bolas cuando quiero.
Soy tímida, casi siempre, cuando quiero y cuando no también. 
Soy romántica, las películas románticas siguen siendo mis favoritas y creo que existe el amor (aunque todavía no me pasó a mí... que ilógico)
Soy insegura, me voy a volver loca con todo lo que pienso de mi y lo que creo que los demás pueden pensar de mí. 
Soy rebuscada, a todo le encuentro una vuelta. 
Soy sensible, pero no tanto.
Soy cursi, aunque nunca dije te amo.

Soy Agustina. 

5 de septiembre de 2014

Rainy Day

No sé qué es lo que me gusta tanto de la lluvia pero cada vez que llueve me surgen esas ganas de escribir. Quizá porque miro por la ventana y me imagino cómo otros, estén donde estén, están haciendo lo mismo. Disfrutando del momento. Del ruido de las gotas sobre el techo, sobre la calle, y los relámpagos.
A-
Título: Plain White T's


22 de septiembre de 2013

Spend a Lifetime

Me preparé un té y me senté en la cocina, dispuesta a escribir en mi cuadernito. Un millón de ideas daban vuelta por mi cabeza, pero ninguna concreta para escribir de ello. Siempre me pasa lo mismo, cuando tengo tiempo de escribir, me desvelo. 
Me puse a caminar por la casa, hasta que me cansé de dar vueltas y me volví a sentar. Mientras tomaba mi té miré a través de la ventana, al edificio den frente. Era una tarde muy típica de invierno, el sol de las seis de la tarde ya casi no se percibe. Las luces de los departamentos empezaban a permanecer prendidas, las siluetas de las personas se podían distinguir. Miré por unos minutos a una de las luces de un departamento que se acababa de prender, y los ví. Una pareja de jóvenes de unos veinti algo. El chico era alto y robusto, ella era chiquita. Acababan de entrar al departamento y estaban contentos. Se tomaban de la mano mientras caminaban al  otro ambiente. Al rato volvieron a aparecer con dos tazas y se sentaron en la mesa. Me quedé observándolos un rato, hasta que me di cuenta que de esa manera me imaginaba yo. 
El solo hecho de pensarlo me hicieron un nudo en el estómago. Me surgieron esos nervios, ese cosquilleo en el estómago. Esa ansiedad. Me suele pasar, eso de querer saber cómo vas a estar en tres años, qué vas a estar haciendo de tu vida, con quién vas a estar. 
Me pregunto cuándo voy a volver a tener una imagen más clara del qué será. Me resulta molesto no saber por dónde sigue mi camino, siento que necesito tenerlo resuelto. De esa manera estaría tranquila. Pero por el otro lado, me gusta también la intriga y la sorpresa. El estar dispuesta a cualquier situación.
A.
Title: Jamiroquai

21 de septiembre de 2013

Slow Dancing In a Burning Room

Las tardes de los domingos en el parque. Mate y pasto. Tus manos en mi pelo. Las escapadas de fines de semana en auto. Nuestra música. Los almuerzos rápidos. Nuestras charlas. Vos leyendo Borges. Las mañanas de los sábados de invierno. Abrazados. Nuestra infinidad de CDs. Las fotografías de mis flores. Mis pies fríos contra los tuyos. Queriéndonos. Adivinar canciones en la radio. La manera de jugar con mis anillos mientras estudio. Vos pintando en medias. Me miras y sonreís. Cocinar y cantar. Los miércoles de cine. Las flores que me regalaste en la cocina. El olor a café. 
A.
Title: John Mayer

29 de agosto de 2012

The Freedom Song



Me subí al colectivo, sabiendo que iba a llegar temprano; nunca tardo más de quince minutos hasta mi casa. Estaba escuchando música; siempre escucho música. Ya tenía el llavero en la mano, no vaya a ser cosa que eso me saque tiempo; siempre estoy apurada, aunque nunca necesito ir a algún lado en particular. Me bajé y caminé las cuatro cuadras, a paso rápido; siempre voy rápido. Mientras esperaba en el ascensor, escuchando ese tema que tanto me gusta, me surgieron esas ganas de tocar el piano. No sabía si me acordaría algo, o si de verdad podría tocarlo, hacían ya varios meses que no tocaba una sola nota. Sin embargo, era uno de esos momentos en que necesitas hacerlo, no querés hacer otra cosa. Abrí la puerta, dejé el llavero junto al abrigo, la cartera en la mesa, las botas de lluvia en el piso y fui directo al living. El piano color café, algo gastado, estaba allí. Levanté la tapa, resoplé el poco polvo que se apoyaba en las teclas y me senté en el silloncito aterciopelado marrón. Dejé que mis dedos recorrieran las teclas, reconociéndolas una por una. Y, sin siquiera pensarlo, me encontraba tocando la pieza que más me gustaba en aquellos momentos que solía tocar el piano constantemente. Me entregué al piano, a la melodía, a lo que mis dedos me guiaban; era casi involuntario. Impresionante lo que sabía sin saber que lo hacía. No necesitaba nada más que la melodía que poco a poco iba reproduciendo para saber que tenía que estar ahí, era ese momento lo que precisaba. Ese sentimiento de plenitud que encontré; la delicadeza de los dedos sobre las teclas y el pie sobre el pedal.
Title: Alicia Keys

1 de junio de 2012

You are Young

 En ese momento ella estaba de novia, y él, bueno... no. Ella estaba feliz, o al menos eso creía. Su relación no iba ni para adelante ni para atrás, estaba atascada en aquél amor infantil que tantos recuerdos le traían, pero que ya no significaba nada. Tantas anécdotas compartidas que con el tiempo se iban desvaneciendo. Temía decirle cómo se sentía, temía cómo se lo tomara y lo que le dijera. Pero más que nada temía estar sola. Pero ella no sentía nada cuando estaban juntos, sólo un vacío que lo disimulaba con una sonrisa falsa. Él, por el otro lado, estaba soltero, tranquilo. Su última relación había terminado hacía ya un año.
Se conocieron un sábado de febrero. Uno de los muchos sábados soleados del verano, en un picnic. A ella la había invitado una amiga que había conocido en enero en las vacaciones, y cuando le dijo del plan al principio no pensaba ir. Tan sólo pensar en un picnic con gente que no conocía, tomando mate (que no le gustaba), y jugando juegos que no conocía le causaba cierta desconfianza. Sin embargo, no tenía nada más para hacer ese sábado por la tarde, así que decidió ir. Se puso las zapatillas, agarró un buzo de algodón y un paquete de galletitas y se fue a la casa de su amiga. 
Cuando llegó fue directo al patio, donde estaban todos sentados en ronda. Vio que sólo había un par de chicas (las cuales no conocía ni eran amigas de su amiga) y los demás eran todos chicos. Ya se estaba preguntando dónde había ido. 

Dejó las galletitas en el medio de la ronda y saludó a su amiga y a dos más que estaban hablando con ella y se sentó al lado. Al principio no fue tan grave, estaba con su amiga poniéndose al día, hasta que ésta se fue para adentro. Estaba un poco incómoda, ella tímida sola, rodeada de un grupo numeroso de chicos que suponía que se conocían, jugando a las cartas, tocando la guitarra, comiendo, conversando. No podía estar toda la tarde dependiendo de su amiga que, al ser la dueña de la casa, tenía miles de cosas que atender, así que se puso a hablar con uno de los chicos que había saludado apenas llegó, estaba tocando en la guitarra un tema que le encantaba. Era tranquilo y simpático, le contó que tocaba la guitarra hace tres años y hablaron de bandas que compartían. Después le mostró una de sus favoritas que reconoció rápidamente.
Le contó la historia de cómo había conocido a su amiga, y lo loco que era que sólo se conocieran hace un mes y ya eran casi íntimas. Después de un rato de hablar y de un par de silencios incómodos, él le enseñó a jugar a un juego de cartas y la integró con el otro chico que había saludado cuando había llegado. Y así pasó el resto de la tarde, hablando con dos chicos mientras su amiga estaba adentro con su novio. 
A medida que iba oscureciendo la gente se iba yendo y, como era de esperarse, terminó siendo la última en irse. A fin y al cabo no la había pasado tan mal como se imaginaba e inclusive habló con un chico, con el chico. Saludó a su amiga y quedaron en arreglar para merendar algún día, para que no se corte la relación. Una vez arriba del auto, bajó la ventanilla y gritó “lo amo!”,refiriéndose al chico de la guitarra.
Pasó un mes y ella decidió poner una fecha para ver a su amiga. Era un miércoles a la tarde cuando se encontraron en un café y se pusieron al día. En uno de los muchos temas que tocaron, le mencionó al chico de la guitarra y le confesó que lo quería ver. Estaban a pocas cuadras de la casa de él, así que su amiga lo llamó y le preguntó si quería reunirse con ellas. Finalmente fue, y estuvieron hablando un montón, ya se conocían bastante y se simpatizaban mutuamente. El tiempo pasó rapidísimo y cuando se fijó en la hora se dió cuenta que se tenía que ir. Los saludó y le prometió a su amiga que se iban a volver a juntar así, y cuando se estaba yendo él le dice “vos tenías novio, no?”, era la pregunta para ella. Sabía que le encantaba ese chico, pero se quiso matar porque estaba de novia ya por costumbre, era una rutina. Asintió con la cabeza y finalmente se fue. Irónico fue que después de merendar con ellos, se fue a lo del novio. Llegó, y como siempre, se quedaron en la cocina, haciendo nada.
También era ilógico cómo lo tenía de amor platónico al chico de la guitarra sabiendo que casi ni lo conocía. 
Un par de veces más se juntó con su amiga y quedaron con los chicos del picnic. Esas reuniones después de clases hicieron que se conocieran más, y que ella volviera a sentir lo que era esa sensación de nervios-felicidad que hace tanto no sentía. Intentó imaginar cómo seguiría con su novio. Y no pudo, no podía ver más allá de lo que habían vivido. Algo le decía que era hora de terminar. Comprendió que ese amor antiguo ya no era un amor real, sino un amor por costumbre. Comprendió que lo que sentía años atrás no eran más que recuerdos del pasado, y que no podía seguir con esa monotonía que se estaba convirtiendo irritante. Así decidió de una vez por todas terminarla. No reaccionó mal, ya que no era muy inesperada la ruptura. Cortaron y nunca más supieron del otro. 
Él se enteró de la ruptura de ella, y decidió que no tenía que perder más tiempo. Era predecible la atracción de uno con el otro. 
La manera que se miraban, esa forma de olvidarse de todo lo que los rodeaba y verse únicamente a ellos. 
El tiempo se frenaba, sus corazones se aceleraban. 
Se entendían sin hablar. 
El ruido que los rodeaba se convertía en un silencio que los dejaba aislados de los demás.
A la siguiente semana la invitó a salir.


Title: Keane

14 de junio de 2011

Hopes & Fears

By: Agus


Supongo que todos en algún momento tenemos miedos. Tengo miedo a lo que tarde o temprano tiene que llegar, a lo que se va a perder. A que cambien las cosas. Tener esa sensación de nostalgia y duda, resentimiento, tristeza pero a la vez nervios y ansiedad, impaciencia. No saber lo que te espera te atrae, te motiva a seguir, pero y si te decepciona? Nos vamos a tirar para atrás tan rápido? Cómo va a ser todo? Empezar de nuevo, sólo, independiente. Nuevos amigos, nuevos espacios. Pero a la vez, perderemos amistades? Tengo miedo de lo que nos espera, de que se abran las puertas a diferentes posibilidades, nuevos desafíos y nuevas metas. 

Tarde o temprano hay que atravesar esa puerta, pero qué si te metes en el pasillo equivocado? Podré caminar sola? Voy a poder arriesgarme por un pasillo sabiendo que dejo otros atras?

El camino de vuelta, es complicado? Tantas dudas, tantas opciones, tantos caminos. 
Title: Keane

29 de mayo de 2011

Ella

Es una lástima que ya no hablemos como antes. Solíamos hablar seguido, vernos seguido. Contarnos cosas, charlarlo, discutirlo. Y ahora, tanto para nada? Siento que esa amistad de tantos años ya no vale la pena, que ni te importo. Todos cambiamos, pero vos cambiaste más. Preferís estar con otras personas con las que no tuviste la misma relación que conmigo, que no compartiste tanto como con nosotras. Y sin embargo, estamos para un "hola y chau", quizás un "qué onda tu vida". Pero nada más. Punto final a la amistad de mínimo dos años. Sinceramente me da lástima, se fue todo tan rápido. Pero bueno, espero que estés feliz con tu “nueva vida” y “nueva personalidad”, no te olvides que siempre que necesites vas a tener a una amiga que te pueda escuchar, recomendar canciones, y contarte cosas, entre otras cosas... En fin, espero que algún día te acuerdes de mí.

28 de abril de 2011

El día de los inocentes

Un día teóricamente normal puede cambiar a ser un día demasiado raro, y cuando digo demasiado es DEMASIADO.  

Resulta, que hoy teníamos esta charla en la Universidad de San Andrés a la 1. Nos tocó una combi que nos pareció buenísima: asientos reclinables, espaciada, re linda. Cuando llegamos a la universidad y tuvimos la charla, el tiempo pasó rápido y a las 4, había terminado. Como los demás colegios, salimos para encontrar nuestra combi. 4.15 y la combi no aparecía. Llamamos al colegio para preguntar qué onda con la combi, y no sé cuál excusa fue la verdadera pero: o había ido 3.30 y como no nos vio se volvió, o se había roto. De todas maneras, nos dijeron que nos iban a mandar otra. Fuimos a la cafetería y la profesora nos compró a todas un alfajor, hablamos y nos quedamos ahí una hora y media más o menos. A las 5.30, cuando supuestamente la combi iba a llegar, nos fuimos a esperarla afuera.
Empezó a refrescar, el tiempo seguía pasando y la combi no llegaba. La profesora volvió a hablar con el colegio y quedaron en que la combi nos iba a dejar a cada una en nuestras casas y que "en 5 minutos llegaba", pasaron 20. A las 6.15 finalmente, después del frío y los mosquitos, llegó la combi. Ni siquiera era la misma, la de los asientos reclinables y prolijita. No, era una toda chiquita con los asientos todos pegados y apretados. De todas maneras nos fuimos, y después de comernos varios semáforos en rojo, al conductor se le ocurre parar en una estación de servicio porque tenía que cargar nafta. ¡El colmo!
A todo esto, yo tenía hockey a las 6.30, ya estaba llegando más que tarde, eran las 7. A las 7.20 más o menos estábamos llegando al club, y el conductor (muy inteligente…) se metió por la otra entrada, y como estaba hablando por teléfono no escuchó nuestros gritos diciéndole que por ahí no era.
De todas maneras… nos dejó a Rochi y a mí en la segunda entrada. Nos bajamos corriendo, y cuando estábamos por entrar el guardia nos dice: “no, por acá no se puede entrar”. ¡¡¿QUÉ?!! “no, tienen que dar tooooda la vuelta. Por acá no se entra, por acá se sale” y nosotras, que era lo único que nos faltaba, empezamos a tratar de convencerlo "hace 6 años jugamos acá, si vamos por ahí nos van a robar todo, estamos llegando una hora tarde ya...". Osea, estábamos llegando tarde al entrenamiento, estuvimos dos horas en San Fernando, el idiota de la combi nos dejó en la otra puerta y no nos querían dejar entrar. Nos pidieron los carnets, pero claro estaban en nuestros bolsos… ¡que estaban en el bar del club! Nosotras, sacadísimas, logramos convencerlos de que nos dejaran entrar, y lo hicieron. Corrimos desde esa entrada hasta el bar, de ahí al baño a cambiarnos, y de ahí a la cancha a correr.
¡Qué día!

17 de abril de 2011

Café II

Puse el señalador en la página, tomé el último sorbo del café frío y me dispuse a escuchar una buena razón que explicara las vueltas que diste. “¿te molesta si me siento?” me dijiste, y pensé sí, la verdad sí… no me dejas seguir leyendo, pero en cambio te dije que no, que no había ningún problema. (total no le estaba prestando demasiada atención al libro). Hablamos de mí, de lo que me gustaba, y lo que te gustaba a vos, de música, libros y deportes. Me invitaste un café mientras seguíamos hablando de los diferentes gustos y la personalidad de cada uno. Me contaste también, que jugabas al futbol y yo te conté que me encantaba leer y dibujar. Y ahí estaban de nuevo esas personalidades diferentes: por un lado el típico carilindo, castaño con ojos celestes, que no le da vergüenza nada, el que cree tener todo al alcance de su mano; y por el otro lado la chica rubia con el pelo corto y los ojos marrones, callada pero segura de sí misma y decidida, aquella persona que tiene que luchar por lo que quiere y que no se rinde tan fácil, que no se deja manejar.
Te veía como alguien completamente caradura, pero me simpatizabas. Después de hablar una hora, me dí cuenta que ya estaba oscureciendo y que tenía que empezar a volver a casa porque se me iba a hacer tarde, me pediste mi número de teléfono para arreglar para otro día y me acompañaste hasta el subte. Una vez arriba, me puse a pensar en todo lo que habíamos hablado. ¡Y pensar que te había visto como un idiota cuando me acerqué a  preguntarte por qué me mirabas! Aproveché los 20 minutos que me faltaban hasta llegar y pensé que loco era todo. Ir a tomar un café y leer, y terminar charlando con un desconocido que termina siendo simpático y hasta me pide mi número.
Llegué a mi casa, me saqué las botas mojadas y las dejé al lado de la puerta, colgué el piloto en el perchero y me fui a bañar. Cuando salí, tenía un mensaje. 

13 de abril de 2011

Dibujos

Se dirigió a la misma mesa del mismo lugar. Pidió lo mismo de siempre y saco su block de hojas blancas y una lapicera y se puso a garabatear. Mientras su lapicera recorría el papel haciendo mamarrachos y cosas sin forma, pensaba. Pensaba en lo que le había pasado últimamente, lo abatida que se sentía. Pensaba también en la gente que la rodeaba, sus amigos, compañeros. Ella, simplemente ella. ¿Marcaba alguna diferencia? ¿O era únicamente una más de la multitud? Si faltaba, ¿la extrañarían o no? ¿Alguien la necesita? Lo único que podía pensar era en ellos, en la gente. Como te puede lastimar sentirte que no perteneces a ningún lugar.  Se sentía dolida, sola. Los demás le pasan por arriba y ella, no es capaz de defenderse, de defender lo que quiere, de mostrar cómo se siente, de dar su opinión, de hacerse ver, de aparecer. ¿A alguien de verdad le importa lo que ella quiera, o lo único que les importa es el beneficio que obtienen? ¿Si deja de hacer algo bien, se preocuparían del por qué o le cambiarían el lugar? ¿Será fácil reemplazarla? Dejó de dibujar y observó el papel. Aquél papel blanco, ya no era blanco. Sus dibujitos habían tapado toda la hoja, y al mirar lo que había garabateado encontró al papel cubierto de corazones, florcitas, nubecitas, estrellitas y más que nada gotitas, todas de diferentes tamaños y formas.  Sonrió hacia sí misma y comprendió lo triste que estaba. Se sentía una hormiguita diminuta alrededor de los demás, que le pasan por arriba sin importar lo que sienta, o lo que piense al respecto.  Una hormiga más del hormiguero. Las lágrimas comenzaron a caer sobre sus mejillas y al rato el papel dibujado, era nada más y nada menos que un papel mojado, arruinado. Es increíble lo rápido que se le arruinaron los dibujos. Se secó las lágrimas y guardó la lapicera y el cuaderno en su bolso, se levantó, se puso su tapado, sacó su paraguas y se fue caminando. Sabía que tenía que seguir adelante, que por más que no le pasen cosas buenas en esos momentos no se tenía que dar por vencida, en algún momento la situación se invertirá y será ella quien podrá salir adelante. Porque eso es ella, una hormiga que pase lo que pase va a lograr salir adelante, esté sola o no. 

7 de abril de 2011

Peyton


Gente apurada, impaciente, torpe. Caminando lento, rápido. Mezclándose entre los demás. Desapareciendo entre el montón. Dirigiéndose a algún lugar. Perteneciendo a algún lugar. ¿Puede ser que sea la única que no pertenece a ningún lugar? ¿Cómo es posible que con tanta gente al rededor, no me sienta parte de nada? Me siento una nena que mira a todos pasar y no puede actuar por sí misma, ni llegar a lo que buscaba, ni conseguir algo, cualquier cosa, por más mínima que sea. ¿Es por miedo? ¿Miedo a qué? Las oportunidades pasan igual que la gente, ¿por qué será? ¿por qué será que las desperdiciamos? Y así vuelvo al mismo punto todo el tiempo. Y quedar en nada.

7 de febrero de 2011

Brasil...


Tengo ganas de llorar, tengo ganas de irme a la mierda. No soporto sentirme así, tan sola. Nadie me entiende ni acá ni en ningún lado.
Necesito tirarme en mi cama con mi almohada, y en cambio lo que consigo en estos momentos es tirarme en una cama dura, en un cuarto compartido con mi hermano con sabanas con olor feo y el piso lleno de arena. 
Me quiero ir, pero al único lugar que consigo ir es a la recepción a 10 metros de nuestra habitación. Y ni siquiera ahí porque hay nenes que te rompen las pelotas con una pregunta atrás de la otra.
Siempre pensé que vivir en una casita con el jardín dando al mar seria genial, que nunca te cansarías de caminar por ahí, de las olas mojando tus pies. Pero estos días tan monótonos me resultan aburridos que todos esos sueños y esas imágenes se borraron y ya no tengo ganas ni de levantarme. Porque, ¿para qué tener alguna esperanza si ya sabes como va a ser tu día y como va a terminar? Ir a desayunar, volver para ponerte bronceador, agarrar el bolso y las toallas y caminar a la playa. No hacer nada, leer (si tenes libro porque ayer se me acabaron los libros), dormir, escuchar música. Subir a comer, ir a la playa a aburrirte y mirar a las otras familias. Y nuevamente tipo 6 tener que subir porque empieza a llover (si! Hasta todos los días llueve a la misma hora!) merendar, bañarte, dibujar en la agenda, escuchar música, comer, (a veces ir a tomar un helado a la "sorveteria" del frente) estar en la computadora o en el iPod y dormirte.
Bueno me fui por las ramas, el punto es que todos nos estamos aburriendo acá (el único que no se aburre es mi hermano que se hizo dos amigas y esta todo el día con ellas y solo aparece para comer). Pero nada, ya falta menos, 5 días. 
Ah, me olvidaba...también quería decir que estoy triste.

29 de enero de 2011

Micro...

Dejar pasar situaciones, evitar complicaciones, desperdiciar oportunidades. Podría haber sido yo, pero claro nadie se da cuenta de lo que tiene hasta que lo pierde. Ella me ganó y yo, fiel a mí misma, no me di cuenta hasta recién cuando esa canción me recordó a él.
Es una lastima saber que tenía todo servido en bandeja y lo desperdicié. Es una lastima que esas oportunidades no pasen todos los días. Es una lastima que no haya tantos como él. 
Tonta, insegura, miedosa y sobre todo enamoradiza. Si bien no estas en una situación mala ni desesperante, podrías haber tenido un poco mas de valor y de esa manera no estarías así. 
Ahora digo Agustina, por qué pensas en esto recién ahora? Qué es lo que te hizo reflexionar de esta manera? Las cosas siguen estando iguales que antes, no hay mucho diferente que digamos y sin embargo ahora se te ocurre volver a pensar en él. Qué es lo que cambio tu forma de ver las cosas? Desde qué perspectiva miras la situación ahora? 
Quizás esto de estar en un micro sola y aburrida te lleva a esto, a repasar conversaciones de meses atrás, de arrepentirte de no preguntarle por qué esa canción, de acordarte la primera vez que le dirigiste la palabra y de los momentos incómodos durante el año. Qué te llevo a pensar en todo eso en este viaje? 

29 de noviembre de 2010

Rollers

Me levanté, miré por la ventana y desde ese momento supe lo que quería hacer. Me lavé los dientes, me vestí y me puse los rollers. Agarré un alfajor y me puse el iPod para el camino. Pasé a buscar a una amiga para patinar y hablar un rato de nuestras vidas, pero no estaba. Patiné un rato escuchando música y cuando encontré un banquito me senté a comer mi alfajor. En eso, escuchando Unfaithful, me acordé de algo. Una historia. Acababan de llegar mis nuevos vecinos de la casa de la izquierda y con mi mamá decidimos ir a saludarlos. Los Martínez, tendrán alrededor de 35 años cada uno y se notaban felices. La mujer, muy delgada y castaña de ojos celestes, se encontraba abrazada de su esposo, un hombre morocho con ojos marrones y de algunos años más. Nos presentamos y luego de diez minutos, regresamos a casa. Me preparé un té y lo lleve a mi cuarto, donde pensaba estudiar un rato. El problema de mi cuarto, es que tengo el escritorio al lado de la ventana, y cualquier persona que pase o algo me distrae. Después de una hora de estudio, me quedé en la computadora viendo una serie. En eso, veo que una luz de la casa estaba prendida, y me sorprendió ya que eran las once y media de la noche. El hombre, un poco apurado y bruto, salió silenciosamente con su campera abrigada y un bolso en su mano, dirigiéndose al auto. Sin darle importancia, seguí en lo que estaba haciendo y dos horas más tarde apagué la computadora. Me puse el pijama y me metí a la cama. Repasé para el oral y aún sin tener nada de sueño, me puse a pensar.  Me empecé a imaginar posibles cosas que esté haciendo Carlos, el vecino. Quizás era de esos tipos que trabajan de noche, aunque era raro porque nos dijo que trabajaba de médico en el Austral. No imposible que trabaje de noche. Tal vez, algún familiar se enfermó y tuvo que salir corriendo para ayudarlo. No, él nos dijo que su familia vivía a media hora de acá, aparte no la despertó a su esposa. ¿Por qué fue tan silencioso? ¿Estará ocultando algo? ¿Y si es un ladrón que roba a la noche y de día es un médico exitoso? El ruido del motor de un auto interrumpió mis pensamientos. Escondida atrás de la cortina, me asomé y lo vi, ninguna bolsa negra con dinero, ni ropa negra. Ni ningún familiar que necesitara ayuda. Cerró la puerta y abrió el baúl para dejar el bolsito. Ahora estaba de traje y corbata. Me sentí una tonta al haberme hecho toda la idea de que podía ser un ladrón, y me fui a dormir. Al día siguiente, Carlos que acababa de volver del trabajo con su delantal de médico, saludó a Mónica que lo esperaba en la entrada y al cabo de unos veinte minutos, con un traje similar al de la noche anterior, salió de nuevo. Agarré los rollers, me puse la campera y decidí seguirlo. Total estaba aburrida. En ese momento odié vivir en este barrio tan grande. Dio tantas vueltas que ni yo sabía por dónde iba. Y, pensando que estaba llegando a la guardia frené un ratito. Cuando decidí volver a mi casa por un camino un poco más corto, veo que su auto, que tenía una patente fácil de reconocer, estaba estacionado en una casita. Frené para comprobar que sea ese el auto y los vi. Una mujer que vestía un vestido formal, lo besaba apasionadamente. Atónita, empecé a patinar para volver a casa, con miedo a que me descubrieran. Cuando di la vuelta en una esquina vi que se estaban subiendo al auto de Carlos. Parecía una salida arreglada o algo por el estilo. Patiné lo más rápido que pude, me saqué los rollers y la campera y subí como una loca a mi cuarto. ¿Carlos con otra mujer? ¡Pero si parecían tan felices con Mónica! No sabía qué hacer. Por un lado tenía ganas de ir y contarle todo a ella, pero por el otro no los conocía. No tenía nada que ver con ellos. Decidí mantener el secreto. Me paré, cambié la canción, tiré el papel del alfajor, y regresé a mi casa. Subí a mi cuarto y me puse a ver por la ventana. La misma rutina de siempre, aquel hombre yéndose a escondidas de su mujer y ella confiando ciegamente en él. 

30 de octubre de 2010

Ajam


- ¿Nunca te cansaste de que te pasen por encima? ¿O qué les chupe un huevo lo que puedas llegar a decir? ¿Qué a nadie le importe tu opinión?

-Sí, puede ser… ¿por?
- No, pensaba. Porque así es como me siento ahora. Inservible. Siento que a nadie le importa lo que me pasa, o cómo me siento. Si me preguntas ahora cómo estoy, te diría que sola. Es como me siento, entre un montón de gente que no le importa qué me está pasando, cómo me siento. Siento que para los demás les resulta muy fácil enfrentarme, ya que al fin y al cabo siempre termino pidiendo perdón. Siempre la pobre tonta que se termina arrepintiendo soy yo. Es como… como que me siento incapaz de hacer algo diferente, me cuesta eso de cambiar. Y siempre termino igual: escuchando música, acostándome en la cama, escribiendo boludeces… Pero nada, eso. 

4 de septiembre de 2010

Café

-¿En qué pensas? ¿Por qué estas  tan callada? ¿Te pasa algo? ¿Estás enojada conmigo? ¿Por qué no me hablas? ¿Qué te hice? Eeu hablame.


-Perdón, estaba distraída. Estaba pensando en el momento que nos conocimos. ¿Te acordas? En ese café de Belgrano, no me acuerdo el nombre ahora. Me acuerdo que yo estaba leyendo en una de las mesas que daban al hogar, y de repente escucho que la puerta se abre y entras vos todo mojado, y fuiste directo al fuego a sacarte el piloto para que se te seque. Y cuando me estaba por ir, empezó a llover tanto que era imposible salir con esa lluvia y ese frío. Volví a mi mesa, pero ya estaba ocupada, entonces fui a una de las que estaban contra la calle a ver pasar los autos y la lluvia. En eso veo que me estabas mirando. Bajé la mirada y miré la tapa del libro que tenía en mis manos, Un lugar llamado aquí. Lo abrí y retomé en el capítulo nueve, donde me había quedado. Sandy Shortt había desaparecido y estaba caminando sóla, cuando se encuentra con Bernard, Helena, Joan, Derek y Marcus. Cinco estudiantes que desaparecieron durante una acampada que organizó el colegio en los años sesenta y nunca los encontraron. Pero aquí estaban ahora, mayores, más sensatos y con la inocencia perdida. Y yo los había encontrado...Ni siquiera le estaba prestando tanta atención a lo que leía, porque sentía que me estabas clavando la mirada, y me intimidaba. Por eso decidí no levantar la vista y continuar con mi lectura. Capítulo 10. Cuando tenía catorce años, mis padres me convencieron para que fuera a una terapeuta cada lunes después de clase. No tuvieron que insistir mucho. En cuanto me dijeron que podía hacerle cuantas preguntas quisiera...Aaj, esa sensación. Definitivamente alguien me estaba mirando, no podía seguir leyendo como si nada pasara. Levanté la mirada y te vi, no tenías vergüenza, no me dejabas de mirar. Sentía que tenía algo, el pelo todo despeinado o algo. No sabía por qué mirabas tanto. Entonces me paré y me dirigí a tu mesa. Apoyé el libro y sin ningún miedo te pregunté qué era lo que tanto me mirabas. Y tu respuesta: “sinceramente no sé” me llamó la atención. Ahí fue cuando me enojé. ¡Qué respuesta sin sentido! Que tonta me sentí. Me di vuelta, volví a mi mesa y me puse a leer de nuevo. ...y que esa persona estaba cualificada para responderme, casi no hizo falta que me llevaran a la escuela... La lluvia iba parando. Me quería ir de ahí. En eso, levanto la vista y te veo parado justo al frente mío y me decís: “creo que no empezamos bien, me llamo Santiago”.

1 de septiembre de 2010

1/9

Te despertas a las 7.15, miras por la ventana y sabes que va a ser un día de mierda. La lloviznita molesta y el viento helado. Te preparas para ir al colegio, desayunas, guardas las cosas en tu mochila y te vas. En el auto, un poco dormida, ordenas un poco el desastre de tu mochila y te pones el abrigo. Llegas al colegio sabiendo que tenes 2 pruebas, las cuales habías estudiado un poco para una y nada para la otra. Falta el profesor de las primeras dos horas. BIEN! Aprovechas para que me enseñen geografía. Después de un rato laaargo, recreo. Matemática. Recreo. Prueba. Comes mientras estudias. Prueba. Gimnasia. Como llovía ven El sustituto. Banda.
Llegas a tu casa, de buen humor.
 Te tiras a leer, escuchando música. Te dormis. Te levantan y te vas a comer. Y yo que pensaba que mi humor no cambiaba taanto.