8 de julio de 2013

Waiting All Night

Mientras cenaba recordé el primer día que nos conocimos, en realidad el primer día que hablamos en serio. Yo ya te tenía de vista de antes, siempre pensé que no me reconocerías, hasta que en aquél bar nos cruzamos. Yo estaba con un jean y una remera desarreglada, de haber sabido de antemano que saldría me hubiese puesto un poco más presentable. Habíamos organizado con mis amigas de la facultad a último momento. Vos tenías esa campera verde que llevas a todos lados con una camisa cuadrillé.
Te vi y seguí caminando, vos no me ibas a reconocer. De todas maneras, estaba pendiente de vos. Te miraba disimuladamente. Te buscaba entre la gente, y ni siquiera se por qué.
Esa misma noche, cuando mis amigas ya se habían ido con sus novios y me encontraba en la barra, sola, apareciste vos. Sin registrarme (o eso fue creí), abrazando a una rubia. Te miré y volví la vista a mi vaso de cerveza lleno. Me agarraron nervios, y supe que era porque me estabas mirando. Levanté la cabeza y te vi, confundido entre la rubia que te estaba apurando y conmigo que instantáneamente me puse colorada. Me saludaste, aunque no sé por qué, y te fuiste.
Tomé el vaso de cerveza en la mitad de tiempo que en lo que tardé en pedírmelo. Estaba en otro mundo. Estaba concentrada pensando en la situación que acababa de pasar, me dieron ganas de volver a mi casa. Me quería ir. Mis amigas con sus novios y yo sola. Me puse a buscarlas para avisarles que me iba. Los vi a lo lejos, los cuatro hablando en una mesa: ellas dos con sus novios amigos, tan cliché, tanta envidia supongo también. Mientras caminaba por el medio de la multitud de ese bar tan chico, empujando y haciendo paso para pasar entre la gente, te ví con ella. Con la rubia petiza contra la pared. Pegué la vuelta, y me dirigí al baño. No entendía por qué te daba tanta importancia a vos, no te conocía pero me importabas. Avancé rápido y me metí. Entre los típicos grupitos de chicas pintándose me encontraba yo, sola, pensando en... vos. Me dabas vuelta la cabeza y me dí cuenta que me encantabas sin siquiera haberte conocido. Al salir, te veo esperando, solo. Traté de esquivarte, pero me frenaste. Me saludaste, como si no nos hubiésemos visto antes, qué irónico. Mientras les escribía a mis amigas que me iba, salí del bar.
Me puse a buscar a algún taxi que pasara por ahí, no era mi día de suerte aparentemente. Además, llovía. Me quedé debajo del pequeño techo mientras buscaba algún número de taxis. Tenía frío y me quería ir. En eso me tocan la espalda, instantáneamente me doy vuelta. Estabas vos. 


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